Para ser sincero nunca pensé que ir a ayudar y hacerles compañía a unos ancianos fuera así, al principio me sentí incomodo en la situación que estaba, pero como fue pasando el tiempo me fui adaptando a ellos.
Al entrar tenía nervios por saber como me iban a recibir los abuelitos del hogar de cristo, me acerqué a uno en particular por que estaba mirando el fútbol y con eso inicié un tema de conversación para romper el hielo, ya que el fútbol mueve multitudes teníamos algo en común y era el mismo equipo favorito, y me di cuenta que ellos pasan todo el día mirando la televisión, sobre todo el domingo que casi no hay nadie en el hogar para hacerles compañía.
Al conversar con uno de los abuelos del hogar me di cuenta de que en verdad no son felices y desean hacer más cosas en su vida, que solo pasar frente al fuego y mirar la televisión. Ellos necesitan una persona con quien hablar, jugar cartas o solo que le haga compañía, aunque sea por un solo día.
Esta oportunidad de ayudar me da una mueva perspectiva de lo que pasan los acianos de Chile, al ser abandonados en un asilo, no digo que en el hogar los traten mal o las condiciones donde viven sean malas sino que no es la idea que todos los abuelitos sean tirados en un lugar así.
En lo personal conversé con uno de ellos, jugamos cartas y ajedrez. Hablamos de su vida, de por qué él estaba aquí y si de verdad le gustaba; la respuesta es muy predecible a la mayoría no le gustaba estar en el lugar ya que se aburrían mucho, también le pregunté si sus hijos o nietos lo venían a visitar, él me respondió que no, que estaba solo en el mundo no tenía familia ni amigos, por su problema con el alcohol, él perdió una piezas dentales por caerse ebrio en la calle, pero ya hace seis años que no tomaba, aunque de repente tomaba un poquito ya que eso no le hacía mal.
En otra sala del hogar había un hombre acostado, cuando de repente aparece Omar (él es una persona que trabaja en el lugar), y le pregunta a otro abuelo si él le había dado alcohol, si porque el hombre en la cama estaba ebrio, y el abuelo se puso a reír y se quedó callado.
Los abuelos tienen muchas anécdotas de sus vidas, que es lo único que les queda, no tienen nada más. El abuelo con quien estuve conversando me decía que cada uno necesita contar sus vivencias, hasta se pelean por contarlas, hay algunas que calan muy hondo en nuestros corazones y nos hacen pensar y ver que nosotros en esta vida lo tenemos todo y que muchas veces no lo sabemos apreciar.
Uno de los abuelos había sufrido una trombosis y había quedado con la mitad de su cuerpo paralizado, esto hace cinco años ahora se había repuesto de su enfermedad y podía caminar pero todavía tenía secuelas de la trombosis, no podía caminar bien y se trasladaba con ayuda de un andador, esto me hizo recapacitar ya que hay veces en que los demás se burlan de las personas que ve en la calle cuando presentan alguna incapacidad ya que eso podría pasarle a a algún ser querido, yo en lo personal jamás lo he hecho ya que en mi casa me enseñaron a no burlarme de las personas con problemas o incapacidades ya sean físicas o síquicas.
Esta experiencia fue muy productiva, ya que me di cuenta que en el mundo hay personas muy solas y faltas de amor y cariño ya que sus familias no los quieren y prácticamente los abandonan en un asilo solo por que según ellos son un estorbo, las personas no se dan cuenta que hay sentimientos de por medio y que al abandonarlos en un lugar así les hace mucho mal a los abuelos y aún cuando los encargados se preocupen de ellos, los alimenten, ya que el cariño de un familiar es irremplazable.
Juan Carlos Martínez Vargas 3B
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